Entrevista. En la vida nos dedicamos continuamente a buscar referentes. Gente que nos guíe hacia nuestros objetivos, que nos muestren el camino porque ellos pusieron la bandera antes que tú. Queremos parecernos a ellos. Ya sea como padres, profesionales o, simplemente, mejores personas. En mi caso, desde que decidí ser periodista he sido influenciado por grandes de este oficio, como Julio Maldonado, José Antonio Abellán o, más recientemente, Rubén Uría y Axel Torres.
Otro periodista de relumbrón se ha unido a esa lista porque, pese a no estar especializado en periodismo deportivo -aunque ese fuera su propósito inicial- se trata de un hombre que ha llegado lejos a base de esfuerzo, constancia y humildad por encima de todo. Para colmo, es callosino. ¿Qué mejor referente que alguien de tu pueblo que ha alcanzado las metas que cualquier periodista sueña con alcanzar? Director de una red social de finanzas, colaborador en Antena 3, M80, Intereconomía... Ha llegado a trabajar en Expansión y el Financial Times. ¡Incluso ha escrito un libro! Aprovechando que venía a presentarlo a la ciudad que le vio nacer, hemos podido charlar un rato con Vicente Varó, uno de los mejores periodistas económicos del país.
P. ¿Qué le motivó a dedicarse al periodismo? ¿Siempre tuvo vocación?
R. El tema de la vocación pura y dura vino de hablar con mi hermana, que me dijo la palabra ‘periodismo’ y pensé que me iba a gustar, porque lo de contar historias es bonito. Lo bueno del periodismo es poder contar historias y que además nos paguen por ello, como a los futbolistas.
P. ¿Cómo fueron sus inicios?
R. A los catorce o quince años me empecé a interesar por los medios de comunicación. Me fui a estudiar a Pamplona, y después me surgieron unas prácticas en un periódico de Alicante que ya no existe (La Prensa de la Provincia de Alicante). Fue lo mejor para aprender periodismo.
P. Fue una etapa importante en su formación.
R. Sí, porque era un periódico pequeño, pero un periódico al fin
y al cabo, que tenía que salir, tenía un posicionamiento ideológico bastante
claro... Y al ser pequeño me permitía tener responsabilidades
incluso siendo becario. Yo recuerdo
perfectamente mis cinco momentos de mayor aprendizaje en ese periódico. Es
clave buscar prácticas en sitios pequeños. Estamos siempre intentando
estar en sitios más grandes, y es verdad
que luego tienes más posibilidades de futuro. Pero a la hora de aprender...
P. Fue allí, además, donde comenzó a interesarse por el mundo de las finanzas.
R. Sí, empecé a hacer noticias de finanzas, porque la persona que hacía eso se fue de vacaciones. Como becario, tenías que hacer de todo. Te decían: "tienes que ir a la calle no sé qué, a hablar con los comerciantes porque las obras que van a hacer les van a arruinar". Entonces vas ahí, hablas con la gente y te das cuenta de que tienen unas preocupaciones más gordas que en otros ámbitos del periodismo, como el político o el deportivo. Son muchas emociones e historias alrededor de lo aparentemente frío que son las ventas, los gastos, o lo que sea. Y como en el mundo del periodismo financiero no es tan habitual contar historias, eso me dio una oportunidad de diferenciarme.
P. ¿Te costó entrar en ese mundo?
R. En Pamplona hice el seminario en información
económica, que un poco de base te da. Y luego, como todo en la vida: aprendes
con el día a día. También es bueno que haya un poco de barrera de entrada
cuando estás ahí, porque esto es como los
notarios, que están quince años estudiando y luego lo bueno es que tienen trabajo, porque es muy difícil estudiar eso. Esto es muy parecido. Desde el punto de
vista de la carrera profesional de alguien, la ventaja de que no sea súper
fácil de entender por cualquiera aparentemente es que te da un poquito más de
profundidad en cuanto dominas esa materia.
P. ¿Es tan difícil como parece?
R. Yo creo que no. Mucha gente piensa que los meteorólogos
saben del tiempo. Yo lo creía, y luego he visto compañeros míos de carrera
presentando el tiempo y no tenían ni idea de meteorología. Pues con la economía
yo creo que pasa un poco igual. Por desgracia o suerte, cuando te mandan hacer, por ejemplo, una crónica de Bolsa, la primera vez no tienes ni
idea, y si no tuvieras un editor que te corrige, te cambia y te explica, pues
dirías auténticas barbaridades. Pero luego vas sabiendo lo que haces. En realidad, es difícil. Había una periodista británica
que dejó el periodismo financiero porque decía que era imposible explicar a
expertos en finanzas cosas que ella desconocía el día anterior. Y es verdad.
Pero al final, de lo que se trata es de aprender lo básico para contar
historias en torno a lo que sucede, que nos ayuda a entender mejor lo que pasa a
nuestro alrededor. Es un poco también el enfoque del libro. En ninguna de las
materias que toco en el libro soy un súper experto, pero sí creo que tengo la
capacidad de explicar para cualquiera muchas de las cosas que ocurren. Yo creo que el periodismo financiero siempre ha estado
muy alejado de la gente, siempre se ha escrito para expertos, y ahora está la oportunidad de que todo lo que ocurre llega a todo el mundo, y la crisis es
una buena demostración de que existe esa necesidad por saber.
P. Desde luego, con la que está cayendo, se necesitan periodistas de este tipo para tratar de explicar lo que está pasando.
R. En esta época y en la que viene. Ten en cuenta que, si nos tenemos que jubilar algún día los que estamos empezando a trabajar o llevamos poco tiempo trabajando, vamos a tener que tener mucho dinero ahorrado. España es el segundo país con peor pirámide de población. Esto significa que dentro de 30 años habrá el doble de gente mayor de 60 años que entre 30 y 60 años. Es decir, habrá el doble de mayores que gente trabajando. Por lo tanto, los que trabajan tendrán que vivir ellos, y dar soporte a la gente que tiene más de 60 años y se ha querido jubilar. Los que tenemos menos de 40 años tenemos unas necesidades de ahorro bestiales. Es algo que intento explicar, por ejemplo. Que nos ha demostrado la crisis, también, pues que por no querer dedicarle cinco minutos a pensar un poquito más sobre qué hacer con nuestros ahorros, por no tener cultura financiera, mucha gente ha metido dinero en productos que se han quedado en cero, como las preferentes, etc.
P. ¿Usted es de los que cree que la culpa no es sólo del Gobierno? ¿Hemos gastado más dinero del que podíamos gastar?
R. Sí, todos los que nos hemos endeudado demasiado tenemos
culpa, todos los que habíamos comprado casoplones espectaculares ganando 800
euros al mes, -porque a poco que eches cuentas te das cuenta de que no te va a
llegar-, etc. Dicho lo cual, no todos tenemos culpa. Hay gente que teniendo muy poca
culpa se ha llevado mucha parte de sufrimiento de la crisis. Hay gente, como
los jóvenes, que no se habían endeudado por encima de sus posibilidades, los
que salían de la carrera lo único que habían hecho era lo que le pedía la
sociedad, que estudiaran al máximo, intentar hacer prácticas y demás, y han
terminado la carrera y se han encontrado sin trabajo por la situación del país. Igual que las personas mayores sin
recursos: a lo mejor han trabajado toda su vida, y no han podido tener cultura
financiera. Las víctimas de la crisis han sufrido más de sus culpas de la
crisis. Y eso es una realidad. Los gobiernos han tenido mucha culpa también,
los de casi cualquier país. En España tenemos una situación de estar dos o tres
años muy valiosos de negar la crisis, que hizo retrasar toda la solución que se
podía implementar en el sector financiero y destruir más empleos todavía que
podían haber sido necesarios.

P. Como ha dicho, uno de los enfoques de su libro y un problema principal en España es la falta de cultura financiera de la gente.
R. Sí, es importante que vaya aumentando poco a poco. Así como dedicamos mucho tiempo cuando vamos a
comprar un coche, que te compras las quince revistas, hablas con tu cuñado, etc., hagamos lo mismo cuando necesitemos saber qué hacer con nuestros
ahorros. Que no sea solo lo que te dice la persona del banco, que
además le han dicho que venda una cosa. La mayoría de las veces no puede,
aunque él quiera, pensar qué es lo mejor para ti, porque le han dicho
que venda un producto. ¿Tener mayor cultura financiera quiere decir que tengamos que aprendernos
todos los manuales de economía? Pues no. Quiere decir que haya más gente que no sabe cerca de gente que sabe. Nosotros tenemos una red social de finanzas (
Unience.com) que busca eso,
poner en contacto gente que no tiene idea de financias con gente que sí tiene.
Y con profesionales que están siendo transparentes con lo que están haciendo. Y
eso sí que es muy grande. Con el libro también busco eso.
P. Hábleme del libro. '¿Para qué sirven los mercados financieros?'
R. Vemos que durante la crisis se habla mucha de la prima de riesgo, de los recortes y que la culpa es de los mercados. Que los mercados nos atacan, y todo eso. Puede ser que pase algo de esto, pero la clave es entender qué son realmente esos mercados. Al no tener cara, no sabemos qué son. Y casi todos formamos esos mercados. Cuando contratas una hipoteca, cuando contratas un seguro… el gobierno invierte el dinero de las pensiones, o cuando una persona pone una fábrica nueva, una chocolatería, pues tiene que comprar futuros sobre el cacao, para asegurarse lo que compra, porque no va a meter todo el cacao que necesita en la oficina y que se le pudra a la semana siguiente. Con casi cada decisión que tomamos acabamos participando de una manera u otra en el mercado. La parte inicial del libro es explicar esto, cómo cuando te compras la moto o contratas el seguro, ese dinero puede acabar invertido en bolsa.
P. Es lo que llamamos el dinero que no se ve, ¿no?
R. El dinero que no se ve, pero que sí ves cómo sale de tu bolsillo. El dinero no para de moverse. Y cuando se hablan de los grandes fondos de inversión, también hay fondos con dinero de muchísimas personas que no tienen tanto dinero. Por ejemplo, los mayores fondos de inversión que meten en Bolsa es de dinero de particulares, de gente de la calle. O las empresas, para gestionar el dinero -porque al final de mes tienen que tener para pagar las nóminas a los empleados-, muchas veces aprovechan el mercado para mientras tanto sacar dinero del mismo. Si quieres pedir un crédito para poner en marcha una tienda, o para comprarte una casa, ese dinero te lo deja el banco, pero a su vez el banco no tiene esperando que llegue alguien a pedírselo, el banco va y se lo pide a otra gente también. Entonces, cuando compras una casa, estás moviendo también el dinero. Y me puedes decir: "una persona no mueve el mercado igual que un gran fondo de inversión". Eso es una realidad, pero lo cierto es que sí participamos en el mercado, y por lo tanto los mercados son una herramienta básica en el funcionamiento de nuestra sociedad.
P. ¿La gente puede tener miedo a no saber qué hacen con su dinero?
R. Yo diría que la gente TIENE que tener miedo a no saber qué están haciendo con su dinero, y creo que pasa al revés. Necesitamos tirar del refranero básico que a veces se cumple: "nadie da duros a cuatro pesetas". Si un banco te da muchos intereses, es que ese banco necesita mucho dinero. Porque nadie te va a dar más si no tiene necesidad de hacerlo. Si alguien llega aquí a esta mesa y dice que nos regala un móvil así porque sí, desconfiamos muchísimo. Igual le dices que no, y te quedas un poco mosca. En cambio, vas al banco y te dicen que te regalan un móvil, y lo coges. Siempre que te den demasiado por algo que te cuesta poco, por lo menos tienes que pensar cuál es el riesgo que no estás viendo. Los españoles sabemos que cuando metemos dinero en Bolsa es bastante probable que lo perdamos. Sin embargo, no tenemos esa idea de riesgo con otras cosas, como las preferentes, que no sabíamos que eran, o con la inversión en casas. Llevaba tantos años que no había caído, pues no cae nunca. "Siempre sube, siempre sube". Todos lo hemos escuchado en nuestra familia. Hasta que ha caído, en algunos sitios un 50%. Quien tenga un piso en Torrevieja, que lo comprara para vendérselo a un británico, sabe que ahora gana la mitad que hace ocho años. Lo importante es saber un poquito más, no ser expertos en finanzas. Es el objetivo básico del libro.
P. Al final, los bancos están adquiriendo una imagen como de enemigos del ciudadano. ¿No te puedes fiar de ellos?
R. Te puedes llegar a fiar, pero tienes que ser consciente de que la persona que te atiende en la sucursal tiene orden de 'colocarte' un producto. Lo mejor es intentar formarte, que no todo el mundo puede, o buscar un asesor independiente del banco, que tenga la capacidad de decirte si lo que te da el banco es bueno o malo. Pero si no puedes, busca información. Lo que no deberíamos hacer nunca es contratar lo primero que nos ofrecen en un banco. Un banco nos puede ofrecer cosas buenas, sí. Malas, también. Yo creo que en Internet es accesible toda esa información. Directamente, te vienes a nuestra red y lo preguntas. “Oye, en el banco me han ofrecido esto”. Y tienes a 15 personas para responder. Tenemos la obligación de saber qué nos están ofreciendo. Hay gente que pasa la tarde entera en quince tiendas para comprarse un pantalón, pero si tomas buenas decisiones financieras puedes comprar muchos pantalones a lo largo de tu vida.
P. ¿Los regalos que ofrecen los bancos en sus promociones son cortinas de humo?
R. Yo recuerdo una campaña de un banco que te regalaba un chorizo ibérico si contratabas un plan de pensiones, para cuando te jubiles, dentro de 20 años. Con ese dinero vas a intentar vivir cuando dejes de trabajar. Solo deberías contratar ese producto pensando en la rentabilidad que te va a dar a largo plazo. Lo más contrario a la rentabilidad de dentro de 30 años es un chorizo que te comes ahora. Sin embargo, contratamos ese producto, porque nos ofrecen un chorizo, o un Ipad, o un edredón, o una vajilla. No tiene ningún sentido. No es un regalo, es algo que te ofrecen, una forma de publicitarse para que lleves tu dinero allí. Al final, hay que pensar que la otra parte quiere un beneficio, y debemos preocuparnos de lo que vamos a hacer. Los que menos perdón tenemos somos los menores de 50-55 años. Porque si queremos jubilarnos algún día, necesitamos empezar a ahorrar ya.
P. Los españoles solemos estar preocupados por otras cosas...
R. Warren Buffet es considerado el mejor inversor de todos los tiempos, el segundo más rico del mundo, etc. Él dice que en su vida, una de las cosas de las que más se arrepiente es de no haber empezado antes a invertir en Bolsa. Y empezó cuando tenía once años. Yo creo que nos tenemos que preocupar más. Un amigo de la oficina y yo estábamos haciendo unos cálculos muy básicos de que con el sueldo actual, cuánto nos quedaría cuando nos queramos jubilar a los 67 años. Y al final de la conversación me dijo: “¿Sabes qué? Que he pensado que ya no tengo ningún problema para vivir cuando me jubile. La solución es trabajar hasta los 95 años” (risas).
P. ¿Por qué estamos en crisis?
R. En crisis estamos por la locura de los humanos, que somos unos locos. La avaricia excesiva, la envidia... ¿Cuántas veces hemos oído decir a alguien que se iba a comprar una casa porque le había escuchado a su hermana que se iba a comprar una casa? Queremos tener lo del otro cuando cobramos cinco veces menos que la otra persona. Y eso se va a repetir. Leí un estudio que decía que cuando los precios suben mucho, dejamos de pensar en el valor de las cosas y solo pensamos en vendérselas a otro. La gente no compraba casas porque estuvieran ubicadas en una zona y esa zona fuera a crecer, sino porque el de al lado había vendido la casa y había ganado diez millones. A mí me gusta mucho la parte de las finanzas que estudia cómo la gente toma las decisiones. Es lo que se llama "Finanzas del comportamiento". Muchas veces, las decisiones no las tomamos como seres racionales sino envidiosos, egoístas… los pecados del ser humano.
P. Volvamos al libro. ¿Cómo se te pasó por la cabeza escribirlo?
R. Fue una propuesta. Fue
bastante curioso, porque fue a través de la red social. Un día me llegó un
mensaje en mi buzón de la red, y era una persona que me dijo: “Oye, ¿a ti te
importaría que te contactaran para ver si te interesa escribir un libro sobre
esto?”. A esta persona no la conocía de nada. Le dije que no, y me explica: "Es que
te sigo, te leo, y creo que explicas las cosas muy sencillo". Y justo es la
filosofía del libro. Que lo pueda leer cualquier persona, y lo pueda entender.
La propuesta era ideal, porque es lo que me gusta, intentar explicar conceptos
que aparentemente a la gente le puede parecer complejos, y que en realidad no
lo son tanto. Luego podemos hablar de la fórmula para calcular los intereses
de no sé qué… pero sí debemos entender que por prestar el dinero te pagan un interés, o
que cuando das al banco tu dinero en un depósito, es porque el banco quiere ese
dinero. La editorial
encontró lo que buscaba en ese sentido, alguien que explicara sencillas las
cosas, y era una de las ilusiones de mi vida, escribir un libro intentando acercar las finanzas a la gente.
P. Cuando dice eso de explicar conceptos de las finanzas de forma sencilla me recuerda a Leopoldo Abadía.
R. Leopoldo Abadía no es periodista, pero sí, creo que es una
virtud que tiene, que explica las cosas muy sencillas. Y como no tiene ningún
condicionante de quedar bien con nadie, pues él lo explica, se va a su casa y
ya está. Es lo bueno de estar jubilado, y labrarte el porvenir diario (sonríe). Y creo
que hay más gente que intenta explicar así las cosas. A mí, la vida me ha dado esta
oportunidad, no se muy bien por qué a mi, pero a partir de la red te salen
colaboraciones en Antena 3, M80, en 'Espejo público'... porque de pronto sale una
nueva normativa del Gobierno sobre impuestos, y buscan a alguien que pueda
explicar lo que se ha aprobado el día anterior de forma muy sencilla. Con bitcoin, la
moneda electrónica, los informativos de Antena 3 hablaron de la noticia, hasta que uno dice: “Llamad a Vicente que él lo explica para tontos” (risas) Y entonces me van
saliendo ese tipo de oportunidades. Que está bien, sobre todo para la familia,
que se alegra de verte en la tele de vez en cuando. Es divertido. A veces
cuando hablas con la familia me dicen: “Oye, ¿y estabas nervioso?”. Pues la
primera vez sí, pero luego la verdad es que te 'haces' un poco. Me da más vergüenza
presentar el libro esta tarde aquí -en Callosa- que estar en el plató de Antena 3.

P. ¿A lo largo de estos años se ha sentido apoyado por el Ayuntamiento de su ciudad?
R. No creo que el Ayuntamiento tenga que estar dándome apoyo.
Realmente, creo que sería responsabilidad mía buscar más apoyo si lo quisiera. Lo que creo que estaría bien es que nos ayudara los que
hemos salido fuera y nos hemos formado y somos especialistas en algunos
ámbitos, a darle más a Callosa de lo que le damos. Queda
demagogo, pero lo pienso de verdad. A mí cuando me dijeron que viniera a presentar el libro, les dije que sí inmediatamente. Creo que es una obligación si mi ciudad
me pide algo, venir a compartir esos conocimientos con ella. Mi ciudad me
lo ha dado todo, me ha ayudado a crecer, a mi familia le ha ayudado a tener un
negocio que me ha permitido irme a estudiar fuera. Creo que hay más gente fuera
de Callosa que quizás podría ayudar de alguna manera. Hace falta un espacio donde
podamos compartir conocimientos y que al final mejore la proyección de la
ciudad.
P. Lo cierto es que desde el Ayuntamiento se están realizando muchas iniciativas a favor de la promoción de la ciudad. Una de ellas podría ser juntar cada cierto tiempo a callosinos que han triunfado fuera en una especie de jornadas en las que puedan dar conferencias e interactuar con los ciudadanos.
R. Hay callosinos con muy buena trayectoria profesional. Hay gente
muy brillante que podría ayudar a muchas cosas. Podrían ser como la figura del
consejo en las empresas, algo parecido. Estoy soltando ideas (sonríe). Solo con pensar en ello es positivo.
Ponerse en contacto con los callosinos por el mundo, y que nos ayudemos también entre nosotros. Si una persona
que está en Nueva York necesita algo mio, que estemos conectados y pueda ayudarle. Eso sí
sería interesante, intentar generar esa red de conocimiento y que se generaran
conversaciones o debates para enriquecernos. No porque destaque la gente de
fuera, porque puede ser más vanidad que otra cosa, pero para que de ese foco de
conocimiento saque partido tanto la gente de fuera como la de aquí.
P. ¿Has pensando en hacer otro libro próximamente?
R. Cuando terminé este libro dije que no iba a publicar otro
hasta que estuviera en el paro (risas). Nuestra empresa es pequeña, tenemos
muchísimo trabajo. Y en mi familia también repercute. Para escribir un libro, gastas las noches, los fines
de semana, los ratos que encuentras. Durante el día tu familia no te ve y luego no puedes disfrutar con ellos porque te pones a escribir. Es duro. Mi familia de Callosa también es una gozada, porque durante un tiempo me han estado
financiando, o dándome dinero para ayudarme. Y lo que soy, al final, es el esfuerzo de mis padres,
de mis hermanos, de mi cuñado… todos los que alguna vez han trabajado en el
negocio familiar, que por la ilusión del 'niño' se han dejando los cuernos. Para mí uno de los momentos más emocionantes fue cuando les di a cada uno el
libro con la dedicatoria, agradeciéndoles todo lo que han hecho para que yo
pueda cumplir mi sueño de ser periodista
y el sueño adicional de escribir un libro. Es bonito y me hace
ilusión lo de venir aquí esta tarde. Porque es el trabajo de mucha
gente, que te toca a ti, gracias a dios, llevarte los méritos. Pero los méritos
son de todos, que han estado trabajando duro por eso.
P. ¿Te veías como lo que eres ahora cuando soñabas con ser periodista?
R. A mi la mayoría de cosas
me han llegado sin elegirlas. Por estar en el momento afortunado en el lugar
concreto. Jamás habría pensado que con 35 años iba a publicar un libro,
ni que iba a ser el director de una red social financiera que está ayudando a
mucha gente, ni que iba a estar trabajando trece años como periodista. No
imaginaba eso cuando iba a las Monjas (risas). Siempre es chulo. Como te decía, de momento no voy a escribir otro libro hasta que tenga más tiempo. Hasta que
tenga un trabajo que me permita tener horas cuando acabo de trabajar. Espero no tener un trabajo así durante muchos años, porque
eso significaría dejar de tener mi trabajo actual, que me encanta.